04
Abr
11

¿Que pasa en Islandia? Una revolucion ejemplar.

Dejo una recopilacion de articulos sobre el tema.


Islandia, el país que
quiere castigar a los
banqueros culpables
de la crisis
Redacción Chile
La gran mayoría de la población
occidental sueña desde 2008 con
decir “no” a los bancos, pero nadie
se ha atrevido a hacerlo. Nadie,
salvo los islandeses, que han
llevado a cabo una revolución
pacífica que ha conseguido no sólo
tumbar un gobierno y redactar una
nueva constitución, sino que busca
encarcelar a los responsables de la
debacle económica del país
PRESSENZA Reikjavik,
28/03/11 La semana pasada
fueron detenidas 9 personas en
Londres y en Reikjavik (capital de
Islandia) por sus posibles
responsabilidades en el colapso
financiero de Islandia en 2008, una
profunda crisis que devino en una
reacción ciudadana sin precedentes
que cambió el rumbo del país.
Ha sido la revolución sin armas de
Islandia, el país que acoge a la
democracia más antigua del mundo
(desde el año 930), y cuyos
ciudadanos han logrado cambiar a
base de manifestaciones y
caceroladas. ¿Y por qué el resto de
los países occidentales ni siquiera se
ha enterado?
La presión ciudadana islandesa ha
conseguido no sólo tumbar un
gobierno, si no redactar una nueva
constitución (en proceso) y busca
meter en la cárcel a los banqueros
responsables de la crisis del país.
Como se suele decir, si se piden las
cosas con educación es mucho más
fácil conseguirlas.
Este silencioso proceso
revolucionario tiene su origen en
2008, cuando el gobierno islandés
decidió nacionalizar los tres
principales bancos, el Landsbanki el
Kaupthing y el Glitnir, cuyos clientes
eran principalmente ingleses,
estadounidenses y americanos.
Tras la entrada del Estado en el
capital la moneda oficial (krona), se
desplomaba y la bolsa suspendía
su actividad tras un hundimiento
del 76%. Islandia entraba en
bancarrota y para salvar la
situación, el Fondo Monetario
Internacional (FMI) inyectaba 2.100
millones de dólares y los países
nórdicos ayudaban con otros 2.500
millones.
Las grandes pequeñas victorias
de la gente de a pie
Mientras bancos y autoridades
locales y extranjeras buscaban a la
desesperada soluciones
económicas, el pueblo islandés se
echó a la calle y con sus insistentes
manifestaciones diarias frente al
parlamento de Reikjavik provocó la
dimisión del primer ministro, el
conservador Geir H. Haarden, y de
todo su gobierno en bloque.
Los ciudadanos exigían, además,
que se convocaran elecciones
anticipadas, y lo consiguieron. En
abril salió elegido por votación un
gobierno de coalición formado por
la Alianza Social-demócrata y el
Movimiento de Izquierda Verde,
encabezado por una nueva
Primera Ministra, Jóhanna
Sigurðardóttir.
Durante todo el 2009 la economía
islandesa continuó en situación
precaria (cerraría el año con una
caída del 7% del PIB) pero, pese a
ello, el Parlamento propuso la
devolución de la deuda a Gran
Bretaña y Holanda mediante el
pago de 3.500 millones de euros,
una suma que debían pagar todas
las familias islandesas
mensualmente durante 15 años al
5,5% de interés.
La medida provocó de nuevo la ira
de los islandeses, que volvieron a
tomar las calles exigiendo que, al
menos, esa decisión fuera sometida
a referéndum. Otra nueva pequeña
gran victoria de las protestas
callejeras: en marzo de 2010 se
celebraba esa votación y un
aplastante 93% de la población se
negaba a devolver la deuda, al
menos en esas condiciones.
Con ello consiguieron que los
acreedores se repensaran el
acuerdo y lo mejorara, ofreciendo
los intereses al 3% y el pago a 37
años. Ni siquiera eso ha sido
suficiente, el presidente actual, al
ver que el Parlamento aprobaba
este acuerdo por un margen muy
estrecho, decidió el mes pasado no
sancionarlo y llamar de nuevo a los
islandeses a votar en referéndum
para que sean ellos los que tengan
la última palabra.
Los banqueros huyen
atemorizados
Volviendo a la tensa situación de
2010, mientras los islandeses se
negaban a pagar una deuda que
habían contraído los tiburones
financieros sin preguntarles, el
Gobierno de coalición había iniciado
una investigación para dirimir
jurídicamente las responsabilidades
de la fatal crisis económica y ya se
había detenido a varios banqueros
y altos ejecutivos estrechamente
relacionados con las operaciones de
riesgo.
La Interpol, por su lado, había
dictado una orden internacional de
arresto contra el expresidente de
uno de los bancos, Sigurdur
Einarsson. Esta situación hizo que
banqueros y ejecutivos,
atemorizados, abandonaran el país
en masa.
En este contexto de crisis, se eligió
una asamblea para redactar una
nueva constitución que recogiera
las lecciones aprendidas y que
sustituyera a la actual, inspirada en
la constitución danesa.
Para ello, en vez de llamar a
expertos y políticos, Islandia ha
decidido recurrir directamente al
pueblo, soberano, al fin y al cabo,
de las leyes. Más de 500 islandeses
se presentaron candidatos para
participar en este ejercicio de
democracia directa y redactar la
constitución, de los cuales fueron
elegidos 25 ciudadanos sin filiación
política entre los que hay
abogados, estudiantes, periodistas,
granjeros, representantes sindicales.
Entre otras novedades, esta
constitución está llamada a
proteger como ninguna otra las
libertades de información y de
expresión con la llamada Iniciativa
Islandesa Moderna para Medios de
Comunicación, un proyecto de ley
que pretende hacer del país un
refugio seguro para el periodismo
de investigación y la libertad de
información donde se protejan
fuentes, periodistas y proveedores
de Internet que alojen información
periodística.
Será el pueblo, por una vez, el que
decida sobre el futuro del país
mientras banqueros y políticos
asistan a la transformación de una
nación, pero desde la barrera.
Fuente: www.elconfidencial.com
http://pressenza.com/npermalink/islandiax-el-pais-que-quiere-castigar-a-los-banqueros-culpables-de-la-crisis
——————————————————————————————————————————————————————————
La cara b:
la desconocida revolucion en islandia
http://m.ivoox.com/cara-b-la-revolucion-islandesa-audios-mp3_rf_572755_l.html
——————————————————————————————————————————————————————————————————————
Islandia enjaula a sus banqueros

REPORTAJE: Primer plano
Islandia enjaula a sus banqueros
La primera víctima de la crisis financiera hace un valiente intento de pedir responsabilidades

Se busca. Hombre, 48 años, 1,80 metros, 114 kilos. Calvo, ojos azules. La Interpol acompaña esa descripción de una foto en la que aparece un tipo bien afeitado embutido en uno de esos trajes oscuros de 2.000 euros y tocado con un impecable nudo de corbata. Se ve a la legua que se trata de un banquero: este no es uno de esos carteles del salvaje Oeste. La delincuencia ha cambiado mucho con la globalización financiera. Y sin embargo, esta historia tiene ribetes de western de Sam Peckinpah ambientado en el Ártico. Esto es Islandia, el lugar donde los bancos quiebran y sus directivos pueden ir a la cárcel sin que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas; la isla donde apenas medio millar de personas armadas con peligrosas cacerolas pueden derrocar un Gobierno. Esto es Islandia, el pedazo de hielo y roca volcánica que un día fue el país más feliz del mundo (así, como suena) y donde ahora los taxistas lanzan las mismas miradas furibundas que en todas partes cuando se les pregunta si están más cabreados con los banqueros o con los políticos. En fin, Esto es Islandia: paraíso sobrenatural, reza el cartel que se divisa desde el avión, antes incluso de desembarcar.

El tipo de la foto se llama Sigurdur Einarsson. Era el presidente ejecutivo de uno de los grandes bancos de Islandia y el más temerario de todos ellos, Kaupthing (literalmente, “la plaza del mercado”; los islandeses tienen un extraño sentido del humor, además de una lengua milenaria e impenetrable). Einarsson ya no está en la lista de la Interpol. Fue detenido hace unos días en su mansión de Londres. Y es uno de los protagonistas del libro más leído de Islandia: nueve volúmenes y 2.400 páginas para una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control.

Nueve volúmenes: prácticamente unos episodios nacionales en los que se demuestra que nada de eso fue un accidente. Islandia fue saqueada por no más de 20 o 30 personas. Una docena de banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos formaron un grupo salvaje que llevó al país entero a la ruina: 10 de los 63 parlamentarios islandeses, incluidos los dos líderes del partido que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1944, tenían concedidos préstamos personales por un valor de casi 10 millones de euros por cabeza. Está por demostrar que eso sea delito (aunque parece que parte de ese dinero servía para comprar acciones de los propios bancos: para hinchar las cotizaciones), pero al menos es un escándalo mayúsculo.

Islandia es una excepción, una singularidad; una rareza. Y no solo por dejar quebrar sus bancos y perseguir a sus banqueros. La isla es un paisaje lunar con apenas 320.000 habitantes a medio camino entre Europa, EE UU y el círculo polar, con un clima y una geografía extremos, con una de las tradiciones democráticas más antiguas de Europa y, fin de los tópicos, con una gente de indomable carácter y una forma de ser y hacer de lo más peculiar. Un lugar donde uno de esos taxistas furibundos, tras dejar atrás la capital, Reikiavik, se adentra en una lengua de tierra rodeada de agua y deja al periodista al pie de la distinguida residencia presidencial, con el mismísimo presidente esperando en el quicio de la puerta: cualquiera puede acercarse sin problemas, no hay medidas de seguridad ni un solo policía. Solo el detalle exótico de una enorme piel de oso polar en lo alto de una escalera saca del pasmo a quien en su primera entrevista con un presidente de un país se topa con un mandatario, Ólagur Grímsson, que considera “una locura” que sus conciudadanos “tengan que pagar la factura de su banca sin que se les consulte”.

Y del presidente al ciudadano de a pie: de la anécdota a la categoría. Arnar Arinbjarnarsson es capaz de resumir el apocalipsis de Islandia con estupefaciente impavidez, frente a un humeante capuchino en el céntrico Café París, a dos pasos del Althing, el Parlamento. Arnar tiene 33 años y estudió ingeniería en la universidad, pero, al acabar, ni siquiera se le pasó por la cabeza diseñar puentes: uno de los bancos le contrató, pese a carecer de formación financiera. “La banca estaba experimentando un crecimiento explosivo, y para un ingeniero es relativamente sencillo aprender matemática financiera, sobre todo si el sueldo es estratosférico”, alega.

Islandia venía de ser el país más pobre de Europa a principios del siglo XX. En los años ochenta, el Gobierno privatizó la pesca: la dividió en cuotas e hizo millonarios a unos cuantos pescadores. A partir de ahí, bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austriacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de black jack. Ni siquiera faltó una campaña nacionalista a favor de la supremacía racial de la casta empresarial, lo que tal vez demuestra lo peligroso que es meter en la cabeza de la gente ese tipo de memeces, ya sea “las casas nunca bajan de precio” o “los islandeses controlan mejor el riesgo por su pasado vikingo”.

La fiesta se desbocó: los activos de los bancos llegaron a multiplicar por 12 el PIB. Solo Irlanda, otro ejemplo de modelo liberal, se acerca a esas cifras. Hasta que de la noche a la mañana -con el colapso de Lehman Brothers y el petardazo financiero mundial- todo se desmoronó, en lo que ha sido “el shock más brutal y fulminante de la crisis internacional”, asegura Jon Danielsson, de la London School of Economics.

Pero volvamos a Arnar y su relato: “La banca empezó a derrochar dinero en juergas con champán y estrellas del rock; se compró o ayudó a comprar medio Oxford Street, varios clubes de fútbol de la liga inglesa, bancos en Dinamarca, empresas en toda Escandinavia: todo lo que estuviera en venta, y todo a crédito”. Los ejecutivos se concedían créditos millonarios a sí mismos, a sus familiares, a sus amigos y a los políticos cercanos, a menudo, sin garantías. La Bolsa multiplicó su valor por nueve entre 2003 y 2007. Los precios de los pisos se triplicaron. “Los bancos levantaron un obsceno castillo de naipes que se lo llevó todo por delante”, cuenta Arnar, que conserva su empleo, pero con la mitad de sueldo. Acaba de comprarse un barco a medias con su padre con la intención de cambiar de vida: quiere dedicarse a la pesca.

La fábula de una isla de pescadores que se convirtió en un país de banqueros tiene moraleja: “Tal vez sea hora de volver al comienzo”, reflexiona el ingeniero. “Tal vez todo ese dinero y ese talento que absorbe la banca cuando crece demasiado no solo se convierte en un foco de inestabilidad, sino que detrae recursos de otros sectores y puede llegar a ser nocivo, al impedir que una economía desarrolle todo su potencial”, dice el presidente Grímsson.

La magnitud de la catástrofe fue espectacular. La inflación se desbocó, la corona se desplomó, el paro creció a toda velocidad, el PIB ha caído el 15%, los bancos perdieron unos 100.000 millones de dólares (pasará mucho tiempo antes de que haya cifras definitivas) y los islandeses siguieron siendo ricos, más o menos: la mita de ricos que antes. ¿De quién fue la culpa? De los bancos y los banqueros, por supuesto. De sus excesos, de aquella barra libre de crédito, de su desmesurada codicia. Los bancos son el monstruo, la culpa es de ellos y, en todo caso, de los políticos, que les permitieron todo eso. OK. No hay duda. ¿Solamente de los bancos?

“El país entero se vio atrapado en una burbuja. La banca experimentó un desarrollo repentino, algo que ahora vemos como algo estúpido e irresponsable. Pero la gente hizo algo parecido. Las reglas normales de las finanzas quedaron suspendidas y entramos en la era del todo vale: dos casas, tres casas por familia, un Range Rover, una moto de nieve. Los salarios subían, la riqueza parecía salir de la nada, las tarjetas de crédito echaban humo”, explica Ásgeir Jonsson, ex economista jefe de Kaupthing. El también economista Magnus Skulasson asume que esa locura colectiva llevó a un país entero a parecer dominado por los valores de Wall Street, de la banca de inversión más especulativa. “Los islandeses hemos contribuido decisivamente a que pasara lo que pasó, por permitir que el Gobierno y la banca hicieran lo que hicieron, pero también participamos de esa combinación de codicia y estupidez. Los bancos merecen sentarse en el banquillo y nosotros nos merecemos una parte del castigo: pero solo una parte”, afirma en el restaurante de un céntrico hotel.

Una cosa salva a los islandeses, de alguna manera les redime de parte de esos pecados. En su incisivo ¡Indignaos!, Stephane Hessel describe cómo en Europa y EE UU los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado el bache y prosiguen su vida como siempre: han vuelto los beneficios, los bonus, esas cosas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el nivel de ingresos, ni mucho menos el empleo. “El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos”, acusa, y, sin embargo, “los banqueros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros”, añade en el prólogo del libro el escritor José Luis Sampedro.

Así es: salvo tal vez en el Ártico. Islandia ha hecho un valiente intento de pedir responsabilidades. “Dejar quebrar los bancos y decirles a los acreedores que no van a cobrar todo lo que se les debe ha ayudado a mitigar algunas de las consecuencias de las locuras de sus banqueros”, asegura por teléfono desde Tejas el economista James K. Galbraith.

Contada así, la versión islandesa de la crisis tiene un toque romántico. Pero la economía es siempre más prosaica de lo que parece. Hay quien relata una historia distinta: “Simplemente, no había dinero para rescatar a los bancos: de lo contrario, el Estado los habría salvado: ¡Llegamos a pedírselo a Rusia!”, critica el politólogo Eirikur Bergmann. “Fue un accidente: no queríamos, pero tuvimos que dejarlos quebrar y ahora los políticos tratan de vender esa leyenda de que Islandia ha dado otra respuesta”.

Sea como sea, la crisis ha dejado una cicatriz enorme que sigue bien visible: hay controles de capitales, un delicioso eufemismo de lo que en el hemisferio Sur (y más concretamente en Argentina) suele llamarse corralito. El paro sigue por encima del 8%, tasas desconocidas por estos lares. El desplome de la corona ha empobrecido a todo el país, excepto a las empresas exportadoras. Cuatro de cada diez hogares se endeudaron en divisas o con créditos vinculados a la inflación (parece que, por lo general, para comprar segundas residencias y coches de lujo), lo que ha dejado un agujero considerable en el bolsillo de la gente. Tras dejar quebrar el sistema bancario, el Estado lo nacionalizó y acabó inyectando montones de dinero -el equivalente a una cuarta parte del PIB- para que la banca no dejara de funcionar, y ahora empieza a reprivatizarlo: la vida, de algún modo, sigue igual.

Todo eso ha elevado la deuda pública por encima del 100% del PIB, y para controlar el déficit tampoco los islandeses se han librado de la oleada de austeridad que recorre Europa desde el Estrecho de Gibraltar hasta la costa de Groenlandia: más impuestos y menos gasto público. Al cabo, Islandia tuvo que pedir un rescate al FMI, y el Fondo ha aplicado las recetas habituales: se han elevado el IRPF y el IVA islandeses y se han creado nuevos impuestos, y por el lado del gasto se han bajado salarios y beneficios sociales y se están cerrando escuelas; se ha reducido el Estado del bienestar. Que es lo que suele suceder cuando de repente un país es menos rico de lo que creía.

“Hemos recorrido una década hacia atrás”, cierra Bergman. Y aun así, el Gobierno y el FMI aseguran que Islandia crecerá este año un 3%: el desplome de la corona ha permitido un despegue de las exportaciones, hay sectores punteros -como el aluminio- que están teniendo una crisis muy provechosa, y, al fin y al cabo, Islandia es un país joven con un nivel educativo sobresaliente. Entre la docena de fuentes consultadas para este reportaje, sin embargo, no abunda el optimismo. Uno de los economistas más brillantes de Islandia, Gylfi Zoega, dibuja un panorama preocupante: “Los bancos aún no son operativos, los balances de las empresas están dañados, el acceso al mercado de capitales está cerrado, el Gobierno muestra una debilidad alarmante. No hay consenso sobre qué lugar deben ocupar Islandia y su economía en el mundo. Vamos a la deriva… No se engañe: ni siquiera el colapso de los bancos fue una elección; no había alternativa. Islandia no puede ser un modelo de nada”.

Hay quien duda incluso de que los banqueros den finalmente con sus huesos en la cárcel: “Los ejecutivos han sido detenidos varias veces, y después, puestos en libertad: como tantas otras veces, eso es más un jugueteo con la opinión pública que otra cosa”, asegura Jon Danielsson. Hannes Guissurasson, asesor del anterior Gobierno y conocido por su férrea defensa de postulados neoliberales, incluso traza una fina línea entre el delito y algunas de las prácticas bancarias de los últimos años. “Muy pocos banqueros van a ir a la prisión, si es que va alguno: ¿qué ley vulnera la excesiva toma de riesgos?”, se pregunta.

Pero los mitos son los mitos (y un periodista debe defender su reportaje hasta el último párrafo) e Islandia deja varias lecciones fundamentales. Una: no está claro si dejar caer un banco es un acto reaccionario o libertario, pero el coste, al menos para Islandia, es sorprendentemente bajo; el PIB de Irlanda (cuyo Gobierno garantizó toda la deuda bancaria) ha caído lo mismo y sus perspectivas de recuperación son peores. Dos: tener moneda propia no es un mal negocio. En caso de apuro se devalúa y santas Pascuas; eso permite salir de la crisis con exportaciones, algo que ni Grecia ni Irlanda (ni España) pueden hacer.

La última y definitiva enseñanza viene de la mano del grupo salvaje, a quien nadie vio venir: ni las agencias de calificación ni los auditores anticiparon los problemas (aunque lo que no descubre una buena auditoría lo destapa una buena crisis: Pricewaterhousecoopers está acusada de negligencia). Pero los problemas estaban ahí: la prueba es que la inmensa mayoría de los ejecutivos de banca están de patitas en la calle y algunos esperan juicio. Nuestro Sigurdur Einarsson, el banquero más buscado, se compró una mansión en Chelsea, uno de los barrios más exclusivos de Londres, por 12 millones de euros. La mayoría de los banqueros que tienen problemas con la justicia hicieron lo mismo durante los años del boom, y menos mal que lo hicieron: la gente les abucheaba en el teatro, les tiraba bolas de nieve en plena calle, les lanzaba piropos en los restaurantes o les dejaba ocurrentes pintadas en sus domicilios. Salieron pitando de Islandia. El caso es que Einarsson no tuvo que marcharse: vivía en su estupenda mansión londinense desde 2005. La hipoteca no era problema: Einarsson decidió alquilársela al banco mientras vivía en la casa; al fin y al cabo, un presidente es un presidente, y ese es el tipo de demostraciones de talento financiero que solo traen sorpresas en el improbable caso de que la justicia se meta por medio. Islandia parece el lugar adecuado para que sucedan cosas improbables: según las estadísticas, más de la mitad de los islandeses cree en los elfos. En el avión de vuelta se entiende mejor la publicidad del aeropuerto, sobre todo porque las fuentes consultadas descartan que, si finalmente hay condena a los banqueros, el Gobierno islandés vaya a conceder un solo indulto. Esto es Islandia: paraíso sobrenatural. ¡Vaya si lo es! –

http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/Islandia/enjaula/banqueros/elpepueconeg/20110403elpneglse_2/Tes
—————————————————————————————————————————————————————————————————————
en islandia se a hecho dimitir a un gobierno al completo,se nacionalizaron los principales bancos,se decidio no pagar la deuda que sus politicos corruptos han creado con gran bretana y holanda a causa de su execable politica financiera.creandose una asamblea popular para reescribir su constitucion.
Y todo ello se realizo pacificamente.
Tambien se a creado un referendum para que el pueblo opine sobre las decisiones economicas.
Durante dos anyos no se han dado a conocer estos hechos,o se informo frivolamente.

Para ver el desarrollo de los hechos acontecidos y la influencia del fmi:

http://teatrevesadespertar.wordpress.com/2011/01/28/la-revolucion-de-islandia-ejemplar/
——————————————————————————————————————————————————————————————————————
¿Que pasa en Islandia? Una revovolucion ejemplar.


http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=C2HWHzyXR9o

—————————————————————————————————————————————————

—————————————————————————————————————————————————

La revolución islandesa no será televisada.

http://milyunblogdepruebas.blogspot.com/2011/03/la-revolucion-islandesa-no-sera.html

Podeis buscar mas info por la res si os interesa el tema.

VER TAMBIEN:

Meten en la Cárcel a los causantes de la crisis en Islandia.

https://explayandose.wordpress.com/2010/06/17/meten-en-la-carcel-a-los-causantes-de-la-crisis-en-islandia/

—————————————————————————————————————————————————

ACTUALIZACION

Examen a la revolución islandesa

El país nórdico ha votado este sábado en referéndum una ley para decidir si devuelve a Reino Unido y Holanda 4.000 millones por la quiebra de uno de sus bancos

CLAUDI PÉREZ – Madrid – 09/04/2011

¿Qué haría usted si uno de los grandes bancos españoles hubiera quebrado en Reino Unido y el Gobierno británico exigiera a España un pago de 50.000 euros por familia para saldar esa deuda? Islandia, que ya se ha negado en una ocasión a pagar esa factura, se ha enfrentado este sábado a un segundo referéndum sobre si aprueba -o no- devolver a Reino Unido y Holanda 4.000 millones de euros por la bancarrota de una de sus entidades financieras. Aunque tal vez el examen vaya un poco más allá. El no reforzaría la vía islandesa de salida de la crisis financiera, la denominada revolución de las cacerolas: dejar caer los bancos y organizar movilizaciones sociales que provocaron un cambio de Gobierno, una reforma de la Constitución y han alentado una investigación para enjaular a los banqueros. Pero un sí podría empañar el ejemplo islandés, al que se agarra cada vez más gente en la periferia de Europa, por la irritación que provoca el empeño de Bruselas y el BCE en defender a los bancos aun a costa de una oleada de austeridad y recortes draconianos.

“Es una decisión difícil. Probablemente lo mejor sea votar no, pero eso va a acarrear enormes problemas a corto y medio plazo”. Interrogado por el referéndum, el economista Magnus Skulasson no tenía aún nada claro, a media tarde de este sábado, el sentido de su voto. Las encuestas tampoco dan un ganador con seguridad: el sí -es decir, pagar por los desmanes de la banca- parecía claro ganador hace dos meses, pero los sondeos se han dado la vuelta en los últimos días.

El referéndum fue convocado hace dos meses por el presidente islandés, Oláfur Ragnar Grímsson, que se negó a firmar una ley del Parlamento que estipulaba las condiciones del acuerdo: un pago con intereses del 3% a 37 años. Grímsson es reincidente: en diciembre de 2009 ya forzó una consulta similar, cuando contra todo pronóstico se negó a firmar una ley que obligaba a pagar con intereses del 5,5% en 15 años. El no ganó entonces de forma arrolladora. “Las antiguas condiciones de pago eran muy injustas: las nuevas son mejores, pero si los islandeses van a tener que cargar con una deuda de sus bancos deben tener derecho a decidir. Islandia es una democracia, no un sistema financiero”, declaró Grímsson a este diario hace unos días.

La disputa viene de lejos. A mediados de la pasada década, uno de los grandes bancos islandeses, Landsbanki, abrió una filial por Internet en Reino Unido, Holanda y Alemania que tuvo un éxito fulgurante por los altos intereses que pagaba en una cuenta llamada Icesave. A principios de octubre de 2008, apenas 15 días después de la quiebra de Lehman Brothers, el Reino Unido detectó que los bancos islandeses estaban traspasando dinero de las cuentas británicas a Reikiavik y les aplicó la ley antiterrorista: congeló todos sus fondos. Los bancos estaban sobreendeudados (sus activos suponían 12 veces el PIB), y esa decisión, junto a la crisis internacional, les llevó a la bancarrota. El Estado no los rescató. Los dejó caer, y posteriormente los nacionalizó e inyectó dinero para que siguieran operando, pero solo en Islandia. Londres y Ámsterdam pagaron a los depositantes de Icesave (unas 300.000 personas) el 100% de los depósitos y desde entonces reclaman ese dinero. Eso suma 4.000 millones: tal vez no parezca una cifra desorbitada, pero es un tercio del PIB islandés.

El caso está repleto de incertidumbres. El Gobierno defiende el sí en el referéndum y aduce que los activos del banco quebrado, cuando se liquiden, permitirán pagar la mayoría de la deuda. Los partidarios del no argumentan que la gente no debería pagar por las locuras de sus bancos, y aducen que la legislación internacional -llena de sombras- no obliga a ningún país a asumir deudas astronómicas que sobrepasan con mucho el importe acumulado en los fondos de garantía.

Frágil recuperación

Islandia sigue sumida en una profunda crisis, tras los acontecimientos que acabaron en la quiebra del sistema bancario y que obligaron al país a acudir al FMI. Entonces la Bolsa se desplomó, la corona islandesa perdió el 80% de su valor y la caída del PIB ha sido del 15%. El paro ha pasado del 1% al 8%, hay controles de capital -corralito-, ha habido fuertes subidas de impuestos y recortes del gasto público. La incipiente recuperación es aún muy frágil. Y esa fragilidad puede aumentar en caso de que el no salga vencedor: el Ejecutivo ha avisado a la población de que un hipotético rechazo llevaría el caso a los tribunales, donde la factura puede llegar a ser mucho mayor. Además, si los activos del banco quebrado son menores de lo esperado y la corona vuelve a caer, las cifras se dispararían.

La consulta tendrá también efectos colaterales en el ámbito político. Una negativa dejaría en una difícil posición al Gobierno de coalición entre socialdemócratas y rojiverdes, y complicaría el acceso de Islandia a la UE y los créditos con el FMI y otros países nórdicos. Los islandeses saben todo eso, y aun así en los últimos días el no ha ganado fuerza. “Tenemos la opción de acabar con este desafortunado asunto con dignidad, o embarcarnos de nueva en un periodo de incertidumbre”, avisó ayer el ministro de Finanzas, Steingrimur Sigfusson. “De acuerdo: pero la crisis ya está siendo lo suficientemente dura. No quiero pagar más”, terció el director de cine Arni Sveinsson.
http://www.elpais.com/articulo/economia/Examen/revolucion/islandesa/elpepueco/20110409elpepueco_4/Tes

_________________

4 Responses to “¿Que pasa en Islandia? Una revolucion ejemplar.”


  1. 1 roberto
    09/04/2011 a las 10:51 PM

    estos si son unos ciudadanos de primera.gente con la cabeza en su sitio y con dos cojones bien puestos , defendiendo su pais y su tierra y a lo exterior , que le den…. los banqueros a la carcel que es donde deben estar,los politicos , a esos mejor matarlos , porque se reproducen como ratas ,que es lo que pasa en españa. los sistemas socialistas ,no mas traen ruina y corrupcion ,donde quieran que gobiernen. solo hay que mirar a españa, cada vez que cojen el poder estos asquerosos socialistas, acaban arruinandolo y lleno de corrupcion. felicidades islandia. una mierda para españa y sus cobardes cidadanos.

  2. 3 liberman, moische
    25/07/2012 a las 12:44 PM

    11 de setembre, tots a la plaça catalunya , amb forques i pals a derrocar el govern de les pitjes fluixes


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Archivos

abril 2011
L M X J V S D
« Mar   May »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930  

Blog Stats

  • 1,092,878 hits

A %d blogueros les gusta esto: