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06
Ene
10

Los actores que representaron la farsa de Al Qaeda.

Los oficiales superiores estadounidenses han admitido que Al Qaeda no existe.

El fallecido terrorista Al-Zarkaui fue fabricado por los servicios estadounidenses de guerra sicológica y el general Bergner declaró que el sucesor de aquel personaje, Al-Baghdadi, era un actor.

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Mientras que el presidente Bush alerta a sus conciudadanos sobre el peligro «de Al Qaeda en Irak» (según Bush Al Qaeda estaría formando grupos para atacar Estados Unidos), los oficiales superiores estadounidenses han admitido que Al Qaeda no existe. Los generales norteamericanos Casey y Kimmit reconocieron que el fallecido terrorista Al-Zarkaui fue fabricado por los servicios estadounidenses de guerra sicológica y el general Bergner declaró que el sucesor de aquel personaje, Al-Baghdadi, era un actor.

Todos admiten actualmente que el 11 de septiembre de 2001, abrió una nueva era en las relaciones internacionales. Pero los politólogos difieren en cuanto al análisis de este período, en función de la lectura que hacen de los atentados que marcaron su inicio.
– Los atlantistas se refieren a la versión gubernamental: Al Qaeda organizó los atentados desde su madriguera en Afganistán. Partiendo de esa base, los atlantistas concluyen que el terrorismo islámico es el principal peligro de nuestra época y aprueban las operaciones militares contra Afganistán e Irak.

– Los aliados más lejanos de Estados Unidos aceptan la posibilidad de que la administración Bush haya tenido conocimiento previo de los atentados y haya permitido que tuvieran lugar para utilizarlos con fines políticos. Toman como antecedente el desastre de Pearl Harbor, cuando el Estado Mayor estadounidense dejó que su propia flota fuera bombardeada para entrar en la Segunda Guerra Mundial contra Japón y Alemania. Llegan así a la conclusión de que, aunque el peligro islámico es una realidad, de todas formas no resulta conveniente seguir a Estados Unidos en todas sus aventuras. Admiten que el ataque contra Afganistán fue una respuesta legítima, pero abrigan dudas en cuanto a la invasión de Irak.

– Y, finalmente, los politólogos no alineados refutan la versión gubernamental y consideran que los atentados fueron orquestados por el complejo militaro-industrial anglosajón. Sus referencias son el montaje del incidente del Golfo de Tonkin y de la operación Northwood [1]. De ello concluyen que el peligro islámico es un montaje artificial y que el verdadero peligro es el imperialismo anglosajón. Para ellos, los ataques contra Afganistán e Irak son dos guerras de agresión.

En el plano internacional, yo mismo fui el primer politólogo en poner en duda la versión bushista de los atentados del 11 de septiembre y en pronosticar la instauración de un régimen militar-policiaco en Estados Unidos y el aumento de las aventuras militares [2]. Desde aquel entonces, la Red Voltaire, de la cual soy presidente, se dio a la tarea de mantener un seguimiento constante y un análisis permanente de las relaciones internacionales.

He explicado a menudo que Al Qaeda era una creación conjunta de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudita y Pakistán, cuyos intereses se ven así favorecidos. Durante los seis últimos años he ido afinando el conocimiento que podíamos adquirir sobre este fenómeno a partir de sus sucesivas manifestaciones así como mediante el análisis de operaciones anteriores, como las del Gladio.

Sin embargo, la política de la administración Bush empieza a encontrar límites dentro de su propio bando.

– En primer lugar, en Arabia Saudita el equilibrio interno se modificó con la llegada al trono del rey Abdallah y el regreso del príncipe Bandar, el «hijo adoptivo» de los Bush a Riyadh. Finalmente, el rey le prohibió a su sobrino que siguiera financiando las células combatientes identificadas como Al Qaeda. La primera consecuencia de dicha ruptura fue la rebelión de los mercenarios de Fatah al-Islam en el campamento de refugiados palestinos de Nahr el-Bared. Este episodio confirma de forma indiscutible que Al Qaeda en el Líbano era resultado de una manipulación de los señores Bush, Bandar y Hariri [3].

– En segundo lugar, es difícil mantener a largo plazo la compartimentación de Al Qaeda como red operacional secreta cuando se trata, por otro lado, de hacer de ella una organización política global. Fue así como los responsables del Intelligence Bureau pakistaní, a cargo desde hace tiempo de la formación ideológica y las publicaciones de los talibanes, interfirieron con el papel del Inter Services Intelligence (ISI), encargado de la formación militar de los mercenarios de Al Qaeda, con financiamiento anglosajón administrado por el príncipe Bandar.

Además, el Intelligence Bureau apoyó a los separatistas uigures de la china de Xinjiang mientras que, por razones políticas evidentes, dentro de ese dispositivo el MI6 británico es el único autorizado para tratar con Al Qaeda-China. El resultado es que Pekín exigió una explicación inmediata. Para evitar la guerra, el presidente pakistaní Pervez Musharraf se vio obligado a eliminar a todos los responsables de su fuerza policíaca implicados ordenando a los rangers pakistaníes asaltar sus oficinas en la Mezquita Roja.

– Un tercer episodio acaba de levantar una punta del velo. El general Kevin J. Bergner, consejero especial de George Bush sobre Irak, justificó la ineficacia de las fuerzas estadounidenses en lo tocante a la captura del jefe de Al Qaeda en Irak revelando que tal personaje simplemente no existía.

Me gustaría retomar en detalle esta última revelación.

La fabricación de Al-Qaeda en Irak: Abu Mussab Al-Zarkaui y Ansar al-Islam

Para poder justificar su intención de invadir Irak, los anglosajones decidieron recurrir por segunda vez al argumento del 11 de septiembre, que tan buen resultado les dio en el caso de Afganistán. En los países occidentales, la opinión pública no sabe todavía que la decisión de atacar Kabul estaba tomada desde julio de 2001 y que las tropas británicas y estadounidenses habían ocupado posiciones en la zona antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 [4]. Así que se tragó fácilmente la tremenda mentira de que los «terroristas» urdieron su conspiración en la oscuridad de una cueva afgana y bajo la protección de los talibanes.

Aplicando la misma receta al caso de Irak, el general Colin Powell se presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU para mentir con toda solemnidad. Para vincular el Irak laico a los atentados del 11 de septiembre, atribuidos a los wahabitas de Osama Ben Laden, Estados Unidos puso en escena a un yihadista jordano protegido por Sadam Husein. Así que Colin Powell declaró:

«Lo quiero señalarles hoy es la conexión, posiblemente mucho más siniestra, que existe entre Irak y la red terrorista Al Qaeda, conexión vincula a los organizaciones terroristas clásicas con los métodos modernos de asesinato. Irak alberga hoy a una red terrorista sanguinaria dirigida por Abu Mussab Zarkaui, socio y colaborador de Osama Ben Laden y de sus lugartenientes de Al Qaeda (…) Palestino nacido en Jordania, Abu Zarkaui combatió en la guerra de Afganistán hace más de 10 años. A su regreso a Afganistán, en el año 2000, dirigió un campamento de entrenamiento de terroristas. Una de sus especialidades, y una de las especialidades de aquel campamento, es el veneno. Cuando nuestra coalición derrocó a los talibanes, la red de Abu Zarkaui ayudó a establecer otro campamento de formación de especialistas en venenos y en explosivos y ese campamento se encuentra en el nordeste de Irak. Esa red enseña a sus miembros a producir ricino y otros venenos (…) Mediante su red terrorista en Irak, Abu Zarkaui puede dirigir las actividades de esa red en el Medio Oriente y más allá (…) Abu Zarkaui y su red prepararon actos de terrorismo contra países como Francia, Gran Bretaña, España, Italia, Alemania y Rusia» [5].

Desde el principio de la invasión contra Irak, Abu Mussab al-Zarkaui se convierte en el enemigo público n° 1 [6]. Su grupo armado, Ansar al-Islam, recibe la etiqueta de «Al Qaeda en Irak». Se le atribuyen el secuestro y la decapitación del trabajador humanitario japonés Shosei Koda (30 de octubre de 2004); atentados contra civiles en Nayaf y Kerbala (19 de diciembre de 2004; la ejecución del embajador de Egipto Ihab Al-Sherif (julio de 2005); el atentado contra el mercado de Musayib (16 de julio de 2005); la tortura y decapitación de dos soldados estadounidenses, Thomas Lowell Tucker y Kristian Menchaca (junio de 2006); el secuestro y asesinato de cuatro diplomáticos rusos, Fyodor Zaitsev, Rinat Agliuglin, Oleg Fedoseyev y Anatoly Smirnov (junio de 2006) y muchos otros crímenes. En la imaginación colectiva, Zarkaui tiene el rostro de un fanático sanguinario luego de la decapitación de Nick Berg [7]. Todas esas operaciones favorecen directa y únicamente a la estrategia neoconservadora del «caos constructor».

Lo más importante es que Zarkaui elabora una teoría según la cual los verdaderos enemigos de los iraquíes sunnitas no son tanto los ocupantes anglosajones como los iraquíes sunnitas. Y establece este análisis en un documento de 17 páginas publicado en el New York Times [8]. Y aplica la teoría inmediatamente destruyendo la cúpula de la mezquita chiíta de Al-Askari.

Desorientado por la envergadura de la violencia intercomunitaria que se desata entonces, Estados Unidos decide desaparecer a su marioneta. El mito de Al Zarkaui queda liquidado el 8 de junio de 2006, teniendo como contexto la formación de un nuevo gobierno en Irak. Su muerte es como pasar una página [9].

El general George W. Casey Jr., comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Irak, declara entonces en un encuentro con la prensa que el documento en el que Zarkaui lanzaba un llamado a la violencia comunitaria fue fabricado por sus propios servicios, que lo entregaron al New York Times. Mientras tanto, el general Mark Kimmitt, comandante de las operaciones sicológicas en Irak, reconoce en un documento interno obtenido por el Washington Post que «El programa Zarkaui de operaciones sicológicas (PsyOp) es la campaña de información más exitosa hasta la fecha» [10].

Abu Omar al-Baghdadi y el Estado islámico iraquí

Como la coalición ocupante anglosajona sigue empantanándose en Irak, no queda más remedio que buscarle un sustituto a Al Zarkaui.

El 15 de octubre de 2006, numerosos canales televisivos transmiten entonces un video que anuncia la creación de «Al Qaeda en Irak». En dicha grabación, un individuo enmascarado se presenta como Abu Omar al-Uraischi al-Husaini al-Baghdadi, «Comendador de los Creyentes» y dirigente del «Estado Islámico Iraquí», recientemente instaurado por Al Qaeda con la bendición del mismísimo Osama Ben Laden. Al-Baghdadi llama a todos los yihadistas a seguir su ejemplo en la cacería de impíos, de cruzados y de judíos [11].

Esta iniciativa coincide con la reorganización administrativa de Irak y con su federalización, impuesta por el ocupante.

El «Estado Islámico Iraquí» se identifica con la zona donde predominan los sunnitas y el vocero de la asociación de sabios musulmanes de Bagdad lo denuncia rápidamente en Al-Jazeera como un elemento que le hace el juego a la división del país que buscan las tropas estadounidenses [12]. Pero, poco importa que los iraquíes no se dejen engañar ya que el objetivo de la nueva marioneta es contribuir a facilitar la manipulación de la opinión pública estadounidense.

El 10 de noviembre de 2006, la prensa occidental se hace eco de un comunicado en el cual «Al Qaeda en Irak» asegura haber logrado reunir más de 12 000 mil hombres y estar preparándose para armar 10 000 hombres más [13].

Esta noticia coincide con la destitución de Donald Rumsfeld y reduce los deseos de los demócratas de reclamar la retirada de Irak.

Durante los días posteriores, Abu Omar al-Baghdadi propuso, en una grabación de audio transmitida vía Internet, una «tregua» (sic) a Estados Unidos. Si Estados Unidos organiza su retirada total de Irak, la nación estadounidense no será atacada [14]. Esta bravata se acompaña, el 29 de diciembre, de un desfile de mudyahidines armados en pleno centro de Mosul, desfile cuyas imágenes fueron difundidas a todo el mundo árabe.

Pero el canal Al-Jazeera ponía en duda la autenticidad de tales hechos, sin llegar a obtener de parte del gobernador de Mosul una explicación creíble para este desfile «de insurgentes» en pleno corazón de la ciudad [15].

El 17 de abril de 2007, Abu Omar al-Baghdadi anuncia, en una grabación de audio transmitida vía Internet, que «el Estado Islámico Iraquí» produce sus propios cohetes, los Al-Quods-1 [16]. El 30 de mayo de 2007, en un impresionante video transmitido por Al-Jazeera, su grupo anuncia la creación de brigadas especiales dotadas ahora con bombas térmicas [17]; armas que estarían siendo fabricadas por el «Estado Islámico Iraquí», cuya tecnología rivalizaría ahora con las de los Estados pequeños.

Durante ese mismo período, el vocero del «Estado Islámico Iraquí» anuncia a través de Al-Jazeera que el emir Abu Omar al-Baghdadi acaba de formar su gobierno y proporciona la lista de los diez ministros que lo conforman [18].

Y de paso, el nuevo «gobierno islamista iraquí» le declara la guerra a Irán llamando a la vez a los «verdaderos creyentes» (sunnitas) a unirse contra los impíos chiítas. El «comendador» Abu Omar le agrega además a su propio nombre «al-Uraischi» para hacer creer que está vinculado al linaje de los Uraischi, la familia del profeta Mahoma, lo cual le favorecería a los ojos de la comunidad sunnita.

En un año «Al Qaeda en Irak» ha reclamado la autoría de numerosas ejecuciones sumarias. Para la prensa occidental, estas ejecuciones vienen a probar la existencia del peligro islámico; para los iraquíes, son hechos cometidos por los escuadrones de la muerte de la «guerra sucia» que dirigen los ocupantes.

El 17 de julio de 2007, la Casa Blanca publica una corta nota evaluativo sobre La amenaza terrorista en el territorio de Estados Unidos (ver el documento íntegro adjunto), elaborada por la dirección de supervisión del conjunto de la comunidad de inteligencia estadounidense. La nota dice: «We assess that al-Qa’ida will continue to enhance its capabilities to attack the Homeland through greater cooperation with regional terrorist groups. Of note, we assess that al-Qa’ida will probably seek to leverage the contacts and capabilities of al-Qa’ida in Iraq (AQI), its most visible and capable affiliate and the only one known to have expressed a desire to attack the Homeland. In addition, we assess that its association with AQI helps al-Qa’ida to energize the broader Sunni extremist community, raise resources, and to recruit and indoctrinate operatives, including for Homeland attacks.»

La publicación simultánea de un video de Osama Ben Laden, ausente de las pantallas desde hacía más de un año, confiere aún más dramatismo es estas conclusiones.
Es por ello que George W. Bush firma inmediatamente el decreto presidencial 13438 en el que autoriza al Secretario del Tesoro a ordenar el arresto y la confiscación de los bienes de toda persona que, a su entender, pueda representar una amenaza para la estabilización de Irak.

Sin embargo, se hace cada vez más difícil explicar que, mientras que Washington sigue aumentando la cantidad de soldados y mercenarios destinados a combatirla, la red de Al Qaeda se sigue fortaleciendo en Irak. El general Kevin J. Bergner, ayudante especial del presidente Bush para las cuestiones iraquíes, revela entonces que el interrogatorio a Mahmud al-Mashhadani, considerado como el agente de enlace entre Osama Ben Laden y sus combatientes en Irak, ha permitido comprobar que Abu Omar al-Baghdadi no existió nunca, que ese personaje fue representado por un actor y que «Al Qaeda en Irak» no fue más que un engaño [19].
Se desmorona el castillo de cartas

Yo mismo había señalado antes que Osama Ben Laden confirmó su responsabilidad en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en un video en el que describía los hechos siguiendo la versión gubernamental, cuando en realidad –como yo mismo demostré– el atentado del Pentágono no corresponde a esa versión y la organización Scholars for 9/11 Truth demostró que el atentado contra el World Trade Center tampoco corresponde a la versión gubernamental. En otras palabras, yo había señalado ya que la función de Osama Ben Laden consistía en acreditar las mentiras de la administración Bush.

El proceso de información circular se mantiene: la administración Bush afirma que Al Qaeda es responsable de los atentados cometidos en Estados Unidos y en Irak, y mas tarde Al Qaeda confirma las imputaciones de la administración. Nunca se verifican los hechos que se describen en esas declaraciones. Los medios de difusión se conforman con ese diálogo y hechos virtuales.

En el caso de Irak, nadie parece darse cuenta que si Abu Mussab al-Zarkaui y Abu Omar al-Baghdadi son personajes montados por el departamento de operaciones sicológicas del ejército terrestre estadounidense, ello implica que los personas que atestiguaron la existencia de ambos y su militancia en las filas de Al Qaeda son cómplices de la misma operación de intoxicación.

Es interesante señalar que las funciones de Zarkaui fueron “confirmadas” en un video de Osama Ben Laden, transmitido el 27 de diciembre de 2004, en que el jefe de Al Qaeda declara a Zarkaui «emir de Al Qaeda en Irak». Fueron también “confirmadas” por Ayman al-Zawahiri, n° 2 de la red terrorista, en un video en que le rinde homenaje, el 23 de junio de 2006.

De la misma manera, la existencia y funciones de Abu Omar al-Baghadadi fueron confirmadas, el 20 de diciembre de 2006, por Ayman al-Zawahiri, en un video que transmitió Al-Jazeera. En dicho video, al-Zawahiri felicita a al-Baghadadi por haber constituido el «Estado Islámico Iraquí» [20].

Así que es hora ya de plantearse una interrogante: ¿Quién dice la verdad? ¿George Bush cuando habla de Al Qaeda en Irak o a sus generales que confiesan haber fabricado esa organización e inventado sus líderes?

Notas:

1] «Cuando el estado mayor estadounidense planificaba atentados terroristas contra su población», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 5 de noviembre de 2001.

[2] Además de numerosos artículos y conferencias, ver L’Effroyable imposture y Le Pentagate, Ediciones Carnot, 2002; reeditado por Demi-lune, 2007.

[3] «Le dossier des mercenaires du Fatah al-Islam est clos», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 23 de junio de 2007.

[4] Cf. L’Effroyable imposture op. cit.

[5] «Discurso del Sr. Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU» (6ª parte ), Réseau Voltaire, 11 de febrero de 2003.

[6] «Abu Musab al-Zarkaui, el superhéroe del Mal», por Vladimir Alexe, Réseau Voltaire, 19 de julio de 2005.

[7] «El caso Nicholas Berg», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 18 de mayo de 2004.

[8] «U.S. Says Files Seek Qaeda Aid In Iraq Conflict» por Dexter Filkins », The New York Times, 9 de febrero de 2004.

[9] «Mort d’Al-Zarkaoui: l’ironie a voulu qu’elle coïncide avec la formation du gouvernement irakien (Rumsfeld)», Ria-Novosti, 9 de junio de 2006.

[10] «Military Plays Up Role of Zarqawi», por Thomas E. Ricks, Washington Post, 10 de abril de 2006; y «Washington Post: L’Armée de terre US reconnaît officiellement que Zarkaoui est une opération de propagande psychologique», por Grégoire Seither, Réseau Voltaire, 12 de junio de 2006.

[11] «Rebel grouping announces establishment of «Islamic State of Iraq»», BBC Monotoring, 15 de octubre de 2006.

[12] «Iraqi Muslim scholars rejects Islamic State announcement», BBC Monotoring, 15 de octubre de 2006.

[13] «Al-Qaeda in Iraq has 12,000 fighters: chief», AFP, 10 de noviembre de 2006.

[14] «Iraqi militant group posts Web offer of truce for U.S. to leave the country», Associated Press, 23 de diciembre de 2006.

[15] «Al-Jazeera TV shows «Islamic State of Iraq» gunmen parading in Mosul», BBC Monitoring, 6 de enero de 2007.

[16] «Purported Islamic State Of Iraq Head: Grp Making Own Rockets», Dow Jones, 17 de abril de 2007.

[17] «Islamic State of Iraq says new brigade formed to attack with thermal bombs», BBC Monitoring, 30 de mayo de 2007.

[18] «»Islamic State of Iraq» announces establishment of 10-minister cabinet », BBC Monitoring, 20 de abril de 2007.

[19] «Le chef irakien d’Al Qaïda en Irak, un personnage de fiction?», Reuters, 18 de julio de 2007. «U.S. Says Insurgent Leader It Couldn’t Find Never Was» por Michael R. Gordon, The New York Times, 19 de julio de 2007.

[20] «Al-Jazeera says Zawahiri urges support of «Islamic state of Iraq»», BBC Monitoring, 20 décembre 2006.

Thierry Meyssan es Periodista y escritor, presidente de la Red Voltaire con sede en París, Francia. Es el autor de La gran impostura y del Pentagate.

Fuente.

VIDEO: BBC Al Qaeda Does Not Exist / BBC AL QAEDA NO EXISTE Subtitulado español



26
Dic
09

Geopolítica tras la falsa guerra de Estados Unidos en Afganistán.

Los engañosos debates oficiales sobre la cantidad de soldados que se necesita para «ganar» la guerra en Afganistán, si basta con 30 000 hombres más o si se requieran por lo menos 200 000, no son más que la cortina de humo que está sirviendo para esconder el verdadero objetivo de la presencia militar de Estados Unidos en ese estratégico país de Asia central.

Durante su campaña presidencial del año 2008, el candidato Obama afirmó incluso que es en Afganistán, no en Irak, donde Estados Unidos está obligado a hacer la guerra. ¿Por qué? Porque, según Obama, es en Afganistán donde se ha atrincherado Al Qaeda, que constituye a su vez la «verdadera» amenaza para la seguridad nacional.

Las razones de la implicación estadounidense en Afganistán son en realidad muy diferentes.
El ejército estadounidense ocupa Afganistán por 2 razones: principalmente para restablecer y controlar la principal fuente mundial de opio de los mercados internacionales de heroína y utilizar la droga como arma contra sus adversarios en el terreno de la geopolítica, especialmente contra Rusia. El control del mercado de la droga afgana es capital para garantizar la liquidez de la mafia financiera en bancarrota de Wall Street.

Geopolítica del opio afgano

Según un informe oficial de la ONU, la producción de opio afgano aumentó de forma espectacular después del derrocamiento del régimen talibán, en 2001. Los datos del Buró de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas demuestran que en cada una de las cuatro últimas estaciones de crecimiento (desde 2004 y hasta 2007) hubo más cultivos de adormidera que en todo un año bajo el régimen talibán. En este momento hay en Afganistán más tierra dedicada a la producción de opio que al cultivo de la coca en toda América Latina. En 2007, el 93% de los opiáceos del mercado mundial venían de Afganistán.

No son simples coincidencias. Se ha demostrado que Washington seleccionó cuidadosamente al muy controvertido Hamid Karzai, señor de la guerra de origen pashtún con una larga hoja de servicios en la CIA, especialmente traído de su exilio en Estados Unidos, a quien se le fabricó todo una leyenda hollywodense sobre su «valiente autoridad sobre su pueblo». Según fuentes afganas, Hamid Karzai es actualmente el «Padrino» del opio afgano. No por casualidad Karzai ha sido, y sigue siendo hoy en día, el preferido de Washington en Kabul. A pesar de ello, y también a pesar de la masiva compra de votos, del fraude y de la intimidación, los días de Karzai como presidente pudieran estar contados.

En momentos en que el mundo casi ni se acuerda ya del misterioso Osama Ben Laden ni de Al Qaeda –su supuesta organización terrorista–, o se pregunta incluso si tan siquiera existen, la segunda razón de la larga presencia de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Afganistán parece más bien un pretexto para crear una fuerza militar de choque estadounidense permanente con una serie de bases aéreas permanentes en Afganistán.
El objetivo de dichas bases no es acabar con los grupos de Al Qaeda que puedan quedar aún en las cuevas de Tora Bora ni acabar con un mítico «talibán» que, según informes de testigos oculares, se compone actualmente en su mayoría de pobladores afganos comunes y corrientes que nuevamente luchan por expulsar de su tierra una fuerza ocupante, como hicieron en los años 1980 frente a los soviéticos.

Para Estados Unidos, la razón de ser sus bases afganas es mantener en la mirilla y tener la posibilidad de golpear a las dos naciones que, juntas, constituyen hoy en día la única amenaza seria para el poderío supremo de Washington o, como lo llama el Pentágono, America’s Full Spectrum Dominance (el predominio estadounidense en todos los aspectos).

La pérdida del «Mandato Celestial»

El problema de las élites* que detentan el poder en Wall Street y en Washington reside en el hecho que se encuentran hoy empantanados en la más profunda crisis financiera de toda su historia. Esa crisis es un hecho irrefutable para el mundo entero y el mundo está actuando en aras de salvarse a sí mismo. Las élites estadounidenses han perdido así lo que en la historia de la China imperial se conoce como el Mandato Celestial.
Se trata del mandato que se concedido a un soberano o a una élite reinante a condición de que dirija a su pueblo con justicia y equidad. Cuando el que gobierna lo hace de forma tiránica y como un déspota, oprimiendo al pueblo y abusando de él, se expone con ello a la pérdida del Mandato Celestial.

Si las poderosas élites de las firmas y las empresas privadas que han controlado las políticas fundamentales, financiera y exterior, durante la mayoría del tiempo, por lo menos durante el siglo pasado, tuvieron alguna vez en sus manos el mandato celestial, hoy resulta evidente que lo han perdido.

La evolución interna hacia la creación de un Estado policiaco injusto, con ciudadanos que se ven privados de sus derechos constitucionales, el ejercicio arbitrario del poder por personas que nunca obtuvieron un mandato electoral –como el ex secretario estadounidense del Tesoro Henry Paulson y el actual ocupante de ese mismo cargo Tim Geithner– y que roban miles de millones de dólares del contribuyente, sin consentimiento de éste, para sacar de la bancarrota a los principales bancos de Wall Street, bancos que se creían «demasiado grandes para hundirse», son hechos que demuestran al mundo que esas élites han perdido el «Mandato Celestial».

Ante tal situación, las élites que ejercen el poder se desesperan cada vez más por mantener su control sobre un imperio mundial de carácter parasitario que su máquina mediática falsamente llama «globalización». Y para lograr mantener su dominación resulta vital que Estados Unidos logre destruir toda forma naciente de cooperación, en el plano económico, energético o militar, entre las dos grandes potencias de Eurasia que, en teoría, pudieran representar una amenaza para el futuro control de la única superpotencia. Esas dos potencias son China y Rusia, cuya asociación Washington trata de evitar a toda costa.

Ambas potencias euroasiáticas completan el panorama con elementos esenciales. China es la economía más fuerte del mundo, con mano de obra joven y dinámica y una clase media educada. Rusia, cuya economía no se ha recuperado aún del destructivo final de la era soviética y del descarado saqueo que caracterizó la era de Yeltsin, sigue presentando sin embargo cartas esenciales para una asociación. La fuerza nuclear de Rusia y sus fuerzas armadas, aún siendo en gran parte remanentes de la guerra fría, representan en el mundo actual la única amenaza de consideración para la dominación militar estadounidense.

Las élites del ejército ruso en ningún momento han renunciado a ese potencial.
Rusia posee también el mayor tesoro del mundo en gas natural así como inmensas reservas petrolíferas, indispensables para China. Estas dos potencias convergen cada vez más a través de una nueva organización que crearon en 2001, conocida como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Además de China y Rusia, los países más extensos del Asia central –Kazajstán, Kirguiztán, Tayikistán y Uzbekistán– también forman parte de la OCS.

El objetivo que alega Washington para justificar la guerra de Estados Unidos, a la vez contra los talibanes y Al Qaeda, consiste en realidad en instalar su fuerza militar directamente en Asia central, en medio del espacio geográfico de la naciente OCS. Irán no es más que un pretexto. El blanco principal son Rusia y China.

Por supuesto, Washington afirma oficialmente que estableció su presencia militar en Afganistán desde el año 2002 para proteger la «frágil» democracia afgana. Sorprendente argumento cuando se analiza la realidad de la presencia militar estadounidense en ese país.
En diciembre de 2004, durante una visita a Kabul, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld dio los toques finales a sus proyectos de construcción de 9 nuevas bases militares estadounidenses en Afganistán, en las provincias de Helmand, Herat, Nimruz, Balh, Khost y Paktia.

Esas 9 bases estadounidenses de nueva creación se agregan a las 3 bases militares principales ya instaladas inmediatamente después de la ocupación de Afganistán, durante el invierno de 2002, supuestamente con el fin de aislar y eliminar la amenaza terrorista de Osama Ben Laden.
Estados Unidos construyó sus 3 primeras bases militares en los aeródromos de Bagram, al norte de Kabul, su principal centro logístico militar; de Kandahar, en el sur de Afganistán; y de Shindand, en la occidental provincia de Herat. Shindand, la mayor base militar estadounidense en Afganistán, se encuentra a sólo 100 kilómetros de la frontera iraní, y a distancia de ataque si se trata de Rusia y China.

Afganistán ha estado históricamente en el centro de la gran pugna anglo-rusa, la lucha por el control del Asia central en el siglo 19 y a principios del siglo 20. La estrategia británica consistió entonces en impedir a toda costa que Rusia controlara Afganistán, lo cual hubiese representado una amenaza para la perla de la corona británica: la India.

Los estrategas del Pentágono también ven en Afganistán una posición altamente estratégica. Ese país constituye un trampolín que permitiría al poderío militar estadounidense amenazar directamente a Rusia y China, así como a Irán y a los demás países ricos productores de petróleo del Medio Oriente. En más de un siglo de guerras, las cosas no han cambiado mucho.

La situación geográfica de Afganistán como punto de confluencia entre el sur de Asia, Asia central y el Medio Oriente, es de vital importancia. Afganistán se encuentra además precisamente en el itinerario previsto para la construcción del oleoducto que debe llevar el petróleo de las zonas petrolíferas del mar Caspio hasta el océano Índico, donde la petrolera Unocal, así como Enron y la Halliburton de Cheney, estuvieron negociando los derechos exclusivos del gasoducto para conducir el gas natural de Turkmenistán a través de Afganistán y Pakistán hacia la enorme central eléctrica de gas natural de la Enron en Dabhol, cerca de Mumbai (Bombay). Ante de convertirse en presidente afgano títere de Estados Unidos, Karzai había sido cabildero de Unocal.

Al Qaeda no existe como amenaza

La verdad sobre todo este engaño alrededor del verdadero objetivo en Afganistán aparece claramente cuando se analiza más atentamente la supuesta amenaza de «Al Qaeda» en ese país. Según el autor Erik Margolis, antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la inteligencia estadounidense proporcionaba asistencia y apoyo tanto a los talibanes como al propio Al Qaeda. Margolis señala que «la CIA proyectaba utilizar [la organización] Al Qaeda de Osama Ben Laden para incitar a los uigures musulmanes a rebelarse contra la dominación china y a los talibanes contra los aliados de Rusia en Asia central.»

Es evidente que Estados Unidos encontró otras vías para manipular a los uigures musulmanes contra Pekín en julio pasado, a través del apoyo estadounidense al Congreso Mundial Uigur. Pero la «amenaza» de Al Qaeda sigue siendo el principal argumento de Obama para justificar la intensificación de la guerra en Afganistán.

Sin embargo, el consejero de seguridad nacional de presidente Obama y ex general de Marines James Jones hizo una declaración, oportunamente enterrada por los amables medios de prensa estadounidenses, sobre la evaluación del peligro que actualmente representa Al Qaeda en Afganistán. Jones declaró al Congreso: «La presencia de Al Qaeda es muy reducida. La evaluación máxima es inferior a 100 ejecutores en el país, ninguna base, ninguna capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados.»

Lo cual significa que Al Qaeda no existe en Afganistán. ¡Diablos! Incluso en el vecino Pakistán, lo que queda de Al Qaeda es ya prácticamente imperceptible. El Wall Street Journal señala: «Perseguidos por los aviones sin piloto estadounidenses, con problemas de dinero y con más dificultades para atraer a los jóvenes árabes a las oscuras montañas de Pakistán, Al Qaeda ve reducirse su papel allí y en Afganistán, según los informes de la Inteligencia y de los responsables pakistaníes y estadounidenses. Para los jóvenes árabes que son los principales reclutas de Al Qaeda “no resulta romántico pasar frío y hambre y tener que esconderse”, declaró un alto responsable estadounidense en el sur de Asia.»

Si entendemos bien las consecuencias lógicas de esa declaración no queda más remedio que llegar a la conclusión de que la razón por la cual los jóvenes alemanes y de otros países de la OTAN están muriendo en las montañas afganas no tienen nada que ver con «ganar la guerra contra el terrorismo». Muy oportunamente la mayoría de los medios de prensa prefieren olvidar el hecho que Al Qaeda, en la medida en que esa organización existió alguna vez, fue creada por la CIA en los años 1980.

Se dedicaba entonces a reclutar musulmanes radicales provenientes de todo el mundo islámico y a entrenarlos para la guerra contra las tropas rusas en Afganistán en el marco de una estrategia elaborada por Bill Casey, jefe de la CIA bajo la administración Reagan, entre otras, con el objetivo de crear un «nuevo Vietnam» para la Unión Soviética, lo cual debía conducir a la humillante derrota del Ejército Rojo y el derrumbe final de la Unión Soviética.

James Jones, jefe del National Security Council, reconoce ahora que no hay prácticamente nadie de Al Qaeda en Afganistán. Quizás sea un buen momento para que nuestros dirigentes políticos proporcionen una explicación más honesta sobre la verdadera razón del envío de más jóvenes a Afganistán, a morir protegiendo las cosechas de opio.

F. William Engdahl

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión francesa de Petrus Lombard.

Fuente.

Ver tambien: Mafias y narcopolítica

Un avión usado por la CIA para el traslado clandestino de presos se utilizó para transportar cuatro toneladas de cocaína
La CIA y el narcotráfico




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